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17 de febrero de 2009

El contador se ha parado para los 'freelance'

Está claro que este sistema neoliberal del beneficio es inhumano y hace aguas por todos lados...


El contador se ha parado para los 'freelance'

Los autónomos sufren un bajón de las tarifas y menos trabajo por la crisis - El intrusismo en tiempos de paro elevado obliga al descenso de precios - 32.000 cesaron su actividad sólo en enero

ELISA SILIÓ 17/02/2009 elpais.com

El contador se paró con el cambio de siglo para los freelance. Desde entonces, para casi todos los gremios las tarifas han subido muy por debajo del nivel de vida. Para la mayoría, su condición de autónomo tiene un halo romántico, emocionante y liberador.

El contador se paró con el cambio de siglo para los freelance. Desde entonces, para casi todos los gremios las tarifas han subido muy por debajo del nivel de vida. Para la mayoría, su condición de autónomo tiene un halo romántico, emocionante y liberador -no atruena el despertador todas las mañanas, no hay que rendir cuentas ante un jefe odioso y uno se organiza como quiere-, pero cuando la recesión sacude los cimientos de las empresas ellos son los primeros en tambalearse. Denuncian que los contratantes están redondeando las facturas muy a la baja. Pero, ¿quién hace ascos a un encargo cuando no se disfruta del colchón del paro? Además, a menos demanda, más competencia, y siempre hay alguien dispuesto a trabajar por menos.

El año pasado, 93.000 autónomos cesaron su actividad. Y en enero se han caído de las estadísticas otros 32.000 más. Son el eslabón más débil de la cadena de trabajo. Lo dice la etimología en inglés medieval freelance, lanza libre, es decir, un mercenario al servicio de cualquiera, pero en los tiempos que corren no llueven las ofertas.

"En los últimos años se han externalizado muchos servicios profesionales, pero en esta crisis no veo un avance de la figura del autónomo. Se recortan las plantillas y también los colaboradores", se lamenta Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA). "Lo que probablemente ocurra ahora son más casos de situaciones irregulares. Personas que no coticen a la Seguridad Social. Las empresas se van a llenar de becarios y de personas a las que se pague por un trabajo concreto sin continuidad", pronostica.

Hoy hay censados 3,2 millones de autónomos. Muchos se quejan de la actual reducción de créditos, lo que les impide mirar con seguridad hacia delante. "Cuando un banco muere, sus empleados se quedan en el paro, pero el autónomo tiene que responder a sus deudas con sus bienes", recuerda Amor.

"Hoy el trabajo cualificado está mucho menos valorado. Antes, el profesional marcaba la negociación, los precios... Trabajaba con más libertad. Ahora, sobre todo si los encargos vienen siempre de la misma empresa, se tiene que plegar e incluso aceptan trabajos de lo que no es su especialidad", dice Rodrigo Martín, profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Juan Carlos I de Madrid.

"Más que falta de trabajo para los freelance, hay falta de pago. Las empresas no tienen liquidez y pagan las obligaciones básicas y los salarios, pero no a ellos que no tienen un despido de 45 días por año ni paro", prosigue Martín. "Se dice que en época de crisis la creatividad artística se agudiza, pero yo creo que en estos trabajos se va a resentir. La gente va a entrar en un círculo depresivo, sin motivación". "Ante los impagos hay muy pocas reclamaciones, porque los acuerdos se basan en la confianza, y al freelance le resulta muy oneroso ir a juicio, aunque es fácil que ganen el pleito".

Preguntados por gremios, los freelance coinciden en hablar de precarización, de descenso de precios y encargos. Por ejemplo, entre los fotógrafos. Hoy en las celebraciones familiares no sólo disparan la cámara los BBC (especializados en bodas, bautizos y comuniones). "Cada vez más gente se anima a ganarse así un dinero. También haciendo fotos de estudio o books para modelos", asegura José Flores, presidente de la Asociación de Fotoperiodistas Europeos Freelance (AEFE). Otro efecto de la recesión, asegura, es el mayor robo de equipos. "Siempre ha habido, pero nunca como ahora. A mí me han robado una cámara de 8.000 euros. La revenderían por 100, sin ser conscientes del daño que supone".

Asegura Flores que se han visto obligados "a abaratar los precios, entre un 20% y un 30%, aunque a quien tiene mucho prestigio se le respeta". "En su caso tiene más valor la firma que la imagen", prosigue el fotoperiodista. "Pero el mayor problema es que dentro de los freelance hay mucho intrusismo. Hoy no es tan caro un equipo profesional, por 6.000 euros te compras uno bueno, y en los periódicos hasta el becario no sólo escribe el texto sino que hace las fotos. También a nosotros nos piden que además mandemos un texto".

En AEFE, que agrupa a 230 profesionales de los 900 fotoperiodistas españoles, tienen las esperanzas puestas en la profusión de bancos de imágenes en Internet, una fuente de ingresos cada vez más rentable. "Para ayudar a nuestros socios, estamos pensando en abrir uno. Lo costoso es el mantenimiento", adelanta Flores.

Los editores aseguran que el libro es un "valor refugio" -un entretenimiento casero barato-, pero lo cierto es que sus sellos se lo piensan dos veces antes de comprar un título, las tiradas de libros son más cortas y algunos han abaratado el precio del ejemplar o lo sacan en el económico bolsillo. Conclusión, las fichas del dominó caen: menos trabajo para traductores, correctores o ilustradores. "Yo maqueto para una gran editorial que solía sacar unos 100 títulos al año. Este año serán 80", cuenta Antonio, que prefiere no dar más datos personales. Cobra 1,20 euros por página maquetada y la intención de la empresa es bajar las tarifas entre un 10% y un 20%. Contando las correcciones, Antonio tarda dos semanas en maquetar un libro de 300 páginas. Total: 360 euros.

Una suma raquítica a la que el maquetador Jean-Pierre Palacio encontraba explicación recientemente en una carta publicada en EL PAÍS. "Proliferación de packagers e intermediarios, ausencia de una asociación defensora de nuestros intereses, miedo a quedarse sin trabajo: tenemos que participar en una suerte de subasta a la baja para conseguir un encargo. ¿Hasta cuándo soportaremos esta situación más propia del siglo XIX que del actual?", se preguntaba.

"Nuestro gremio es pionero en la crisis. Ya estábamos en ella cuando el sector automovilístico, las constructoras y los bancos estaban haciendo dinero", se queja Manel Craneo, vicepresidente de Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales (FADIP). "En los años ochenta fue la época dorada del cómic y la ilustración. Pero los precios se han mantenido congelados desde finales de los noventa: las 20.000 pesetas por página de cómic siguen siendo 120 euros, y la vida ha subido mucho", prosigue este artista gallego. Hoy no llega al 50% los que ejercen de manera exclusiva la profesión, según el Estudio económico de la ilustración en España 2007/2008, y más del 70% son autónomos. La mitad no confirma el presupuesto y un 40% se embolsa menos de 12.000 euros anuales.

En recesión se recortan las campañas de publicidad, una buena partida de lo ganado por los ilustradores, aunque el 50% de los ingresos proviene aún de las editoriales. "En mi declaración de 2007, los story boards para publicidad suponían alrededor del 60% de lo que cobré, y en 2008 la mitad", calcula Craneo. "Lo que sí hay cada vez más es demanda de las instituciones y en el sector editorial no ha afectado mucho, porque los niños siguen necesitando libros para el colegio y los padres siguen leyéndoles cuentos". Craneo envidia a sus colegas de Francia, Bélgica y Reino Unido, donde su labor es mucho más reconocida: "Muchos españoles dibujan cómics para el mercado europeo. Con la bajada del dólar hacerlo para Estados Unidos no significa el mismo pastón que hace un tiempo. Ahora pagan como en Francia".

La publicidad sufre un parón, y los estilistas se comen los ahorros. Algunas empresas recuperan campañas pasadas pagando de nuevo los derechos de autor y otras gastan menos en producción. Ya desde hace dos años nadie dedica tres semanas a la preparación y el rodaje de un anuncio, sino una semana. A Amparo Utrilla, ya con muchas conchas, no le falta trabajo, pero reconoce que acepta cosas que antes no admitía "por lo que pueda pasar". Además, los cobros se retrasan: le deben dinero desde hace un año.

"Muchas editoriales están intentado ajustar las tarifas, pero uno no va al carnicero y le dice: 'Baje el precio que estamos en crisis", ironiza Antonio Martín, presidente de UniCo (Unión de Correctores). Una salida en los últimos meses ha sido la corrección de publicidad de empresas públicas y privadas, cada vez más concienciadas con la necesidad de cuidar la imagen. "Por corregir un volumen, una editorial te puede pagar 300 euros, que es lo que ganas con publicidad en uno o dos días", diferencia Martín. "Hace diez años las editoriales pedían consejo al primo filólogo, pero hoy la figura del corrector se ha extendido. Muchos no trabajan sólo corrigiendo. En la asociación hay gente que traduce o maqueta".

"Cada vez hay más gente que se hace autónoma porque se ha quedado en paro o es su primer empleo. Empiezan aceptando trabajos puntuales y piensan que ahí puede estar su futuro", dice la correctora Celia Martín, que dirige un curso de fiscalidad para freelance en la academia Cálamo de Madrid, especializada en formar correctores. "Vienen sobre todo personas que tras un año trabajando por libre se dan cuenta de que no saben cómo tienen que organizarse frente a la Administración". "Es fácil tener encargos sueltos, lo complicado es tener una cartera. Hay mucha competencia y eso hace que haya gente dispuesta a trabajar por menos de 10 euros la hora. Un corrector profesional que lleva tiempo gana unos 2.000 euros, pero tienen que restarle los gastos de Seguridad Social, calefacción, luz...", añade la profesora.

Como en casi todos los campos, en el de los traductores literarios los más veteranos están sufriendo menos la crisis. Mantienen su clientela y les ofrecen subidas periódicas. Por eso no todos los socios de la Sección Autónoma de Traductores de Libros de la Asociación Colegial de Escritores (ACEtt) comparten las mismas inquietudes. Entre los novatos, las cosas cambian. Deberían de cobrar entre 30 y 60 días después de la entrega de la traducción, pero muchos sellos son impuntuales. Un incumplimiento de contrato que muchas veces queda en manos de los abogados de ACEtt. Las tarifas sólo les permiten vivir como mileuristas en casa de sus padres. Según un informe del Consejo de Asociaciones de Traductores Literarios en Europa, en España se cobra entre 10,5 y 19,2 euros la página, muy lejos de Francia o el Reino Unido, donde se alcanzan los 35 euros.

Quienes por el momento no sufren la crisis son, por el contrario, los intérpretes. "Es un trabajo muy estacional y ya veremos qué pasa dentro de unos meses. En enero o febrero te conformas con trabajar dos o tres días al mes [ganan unos 500 euros diarios], pero en abril o mayo son casi todos los días", sostiene Jorge Quijano, presidente de la Asociación de Intérpretes de Conferencia de España (AICE).

En el sector de la prensa, a la bajada de ingresos publicitarios por la recesión se suma la crisis del papel -muy encarecido-, la bajada en ventas y publicidad y la imposibilidad de absorber a los 4.000 estudiantes que se licencian cada año en periodismo. El 40% de éstos -según los datos de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE)- encuentra una salida laboral en otros ámbitos. Y los que consiguieron colar artículos ven ahora peligrar sus ingresos. Prolifera el "falso autónomo" -lo describe la FAPE en el artículo En defensa del periodista autónomo de su revista corporativa- "que no tiene contrato de trabajo por cuenta ajena aunque desempeña la misma actividad".

Entre los profesionales del cine y la televisión, más de lo mismo: rodajes retrasados, series que se caen de la parrilla o tarifas a la baja. "A la crisis se ha unido que las nuevas series no han ido bien y han desaparecido, las cadenas tienen menos publicidad y con esa excusa te ofrecen menos dinero. Calculo que ha habido una rebaja de entre un 25% y un 30%...", cuenta el guionista Carlos Molinero, vicepresidente de ALMA (Autores Literarios de Medios Audiovisuales). Son 2.500 y, según el estudio La situación de los guionistas en España, tan sólo un 20% vive exclusivamente de lo que escribe, el 46% gana menos de 12.000 euros anuales y a la mitad no le pagan nada si el guión no se rueda.

"Yo llevaba encadenando proyectos desde 1997, y ahora desde septiembre, que terminé El comisario, no he tenido nada. Por suerte, empiezo de nuevo en marzo", cuenta. Y Carlos es un privilegiado, autor de guiones para el codiciado prime time, pero para sus compañeros 2009 se presenta aún más desolador.

24 de noviembre de 2008

Otra proyección negativa del futuro: depresión económica y adiós al estado de bienestar

Cuando las cosas van de verdad mal

La gravedad de la crisis hace temer a los más pesimistas que la recesión derive en depresión

RAMÓN MUÑOZ 23/11/2008. El País

Si tiene dificultades para pagar la hipoteca, teme por su puesto de trabajo o ya lo ha perdido, no es aconsejable que lea este artículo. En él se recogen las tesis de quienes piensan que no estamos ante una crisis más, ni siquiera ante esa recesión que ya se reconoce abiertamente, sino ante una gran depresión económica que se extenderá mucho más allá de dos años y cuyas consecuencias financieras, sociales y hasta políticas cambiarán el mundo tal y como lo conocemos, además de tener un efecto devastador sobre el Estado del bienestar y la clase media en que se sustenta. Tal vez se equivoquen. O tal vez no.

Nunca se habían conjuntado tantos peligros: el hundimiento del sistema financiero, con bancos y Estados de primer nivel al borde de la quiebra, y el empobrecimiento general de grupos de población que sortearon crisis anteriores sin mayores problemas. Comoquiera que se trata de un fenómeno sin precedentes, para tener elementos de comparación sólo podemos retrotraernos a la Gran Depresión posterior a 1929, que sumió al mundo civilizado en una década de penurias y desembocó en la II Guerra Mundial, y más recientemente, al llamado corralito, que bloqueó a finales de 2001 los ahorros de los ciudadanos argentinos, haciendo saltar en pedazos el sistema financiero y poniendo a Argentina en el umbral del Tercer Mundo.

Para los que consideren desmedida la comparación, o propia de iluminados, tal vez les hubiera convenido entrar en la página web www.icesave.co.uk hace unas semanas. Nada más abrirla se podía leer: "Actualmente no estamos procesando ninguna petición de retirada de dinero ni de depósitos a través de las cuentas de Internet. Sentimos los inconvenientes que les pueda causar a nuestros clientes". Se trata de la página del banco islandés Icesave en el Reino Unido, y en ella se anunciaba sencilla y llanamente que los depósitos de todos los clientes del país estaban bloqueados. ¡Corralito puro y duro, y en la Vieja Europa! Un total de 350.000 ahorradores en el Reino Unido y Holanda, que han depositado más de 7.000 millones quedaron atrapados. La quiebra del Estado de Islandia tiene la culpa. El país nórdico no es Argentina. En la última clasificación de la ONU de finales de 2007 figura como el país donde mejor se vive en el mundo... o se vivía. Finalmente, el Gobierno británico ha tenido que acudir al rescate de sus ahorradores.

Nadie dice que la situación actual tenga las mismas causas que la del 29 o la argentina, salvo el ánimo especulativo y la falta de confianza, pero algunos piensan que la herencia que dejará sobre la economía real puede asemejarse mucho. Entre ese legado negro está la desaparición de riqueza por el desplome continuado de los mercados bursátiles, el temor de miles de ciudadanos de perder los ahorros que tienen en los bancos, el aumento desorbitado del paro, el empobrecimiento de las familias y las crecientes dificultades de las administraciones públicas para hacer frente a sus compromisos de pagos, incluyendo los sueldos de funcionarios. Ese paralelismo permite sacar algunas lecciones muy provechosas de lo que pasó en el 29 y puede que esté a punto de ocurrir ahora.

Frente a la legión de expertos oficiales, que aplauden al unísono los planes de rescate de la banca como antídoto ideal contra esta crisis, otros analistas, ciertamente los menos, estiman que esa intervención no servirá para tapar el enorme agujero negro en el que se ha convertido el sistema financiero.

El economista jefe de HSBC, Stephen King, está entre los discrepantes. A diferencia de crisis recientes como la burbuja tecnológica de comienzos de este siglo o la japonesa de los ochenta, opina King, la actual conjuga los tres elementos que se dieron en la Gran Depresión: el colapso financiero asociado con bancarrotas de entidades, la restricción del crédito y la desconfianza ciudadana sobre la capacidad de los Gobiernos para solucionar la crisis. "Nadie quiere participar en una danza de la muerte financiera. Muchos se consuelan diciendo que ya se han aprendido las lecciones de la década de los treinta y que hoy sería imposible vivir otra gran depresión. Las posibilidades de que suceda son todavía pequeñas. Pero se olvida con frecuencia que hay que cumplir tres lecciones para evitar la depresión: primero, inyectar dinero al sistema; segundo, asegurarse de que los Gobiernos coordinen sus políticas, y tercero, no permitir que la deuda y el nivel de apalancamiento se disparen. Y, por el momento, sólo se ha atendido a la primera".

En el 29, las cosas sucedieron así: "Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron 240.000 dólares (o 120 semanas de trabajo, a 2.000 dólares por semana). Habría perdido más, pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. Todo lo que dijo fue: '¡La broma ha terminado!'. Antes de que yo pudiese contestar, el teléfono se había quedado mudo... se suicidó. En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo". La cita proviene de un artículo de Groucho Marx que es posiblemente el más lúcido análisis que se ha hecho del 29.

El genial actor se arruinó como miles de ciudadanos. Ahora son millones los que están perdiendo sus ahorros o el complemento de sus pensiones en los parqués bursátiles, aunque posiblemente aún no sean conscientes de ello. En los treinta, apenas un 4% de la población invertía sus ahorros a través de los agentes de cambio y Bolsa. Actualmente, el 47% de la población, bien directamente o bien a través de fondos de pensiones o de inversión, tiene ahorros en los mercados de valores, que se están esfumando. Sólo dos fondos de pensiones españoles están en positivo este año, por ejemplo.

La volatilidad y el quebranto sufrido son, para algunos analistas, ya similares a los de hace 79 años. Incluso las pérdidas de Wall Street de la semana del 6 al 10 de octubre pasado superaron a las de la llamada Semana Negra del crash del 29. Nos hemos acostumbrado a movimientos sísmicos diarios de hasta el 10%, impensables hace unos meses. Volkswagen es el símbolo de esa irracionalidad casi surrealista de los mercados. Pese a la crisis general de las firmas automovilísticas, un movimiento especulativo la convirtió el 28 de octubre en la compañía con mayor valor bursátil del mundo, llegando a valer más que las 20 mayores compañías del Ibex juntas.

En España, todos los valores que componen el Ibex menos uno han tenido rentabilidad negativa, y 27 de las 35 firmas han perdido más de la mitad de su valor en dos años. Si tiene dinero en Bolsa, puede extraer una lección de la debacle del 29, y hacer oídos sordos a quienes le animen a comprar gangas ante los bajos precios que han tocado los principales valores. Nadie puede asegurar si esta es una oportunidad de compra o si lo peor puede estar por venir. Quien compró acciones en 1929 debió vivir hasta 1954 para recuperar su inversión. Pero a quien pensó que después del crash podía forrarse no le fue mucho mejor porque el desplome continuó hasta julio de 1932, cuando el Dow Jones volvió a niveles de 1800, perdiendo el 90% de su valor respecto a los máximos del feliz 1929. Este dato derriba una de las falacias financieras más extendidas, la de que, pese a las fluctuaciones, la Bolsa es siempre la inversión más rentable a largo plazo. Nadie sabe dónde está la Bolsa y si ha tocado suelo.

El economista y profesor Nouriel Roubini, uno de los pocos que pronosticaron el actual crash financiero, va más lejos: "Aunque los mercados saben ya que las administraciones van a hacer todo lo que está en su mano, no reaccionan, seguirán cayendo. Se han convertido en una fuerza destructiva, el pánico se ha apoderado de ellos, ya no funcionan. Cada vez estoy más convencido de que hace falta un cortocircuito, un cierre temporal de los mercados para recomponer las cosas", decía en una entrevista con EL PAÍS.

En el 29 se hizo célebre el chiste de los recepcionistas de los principales hoteles de Nueva York. Cuando un hombre de negocios iba a registrarse le preguntaban: "¿Quiere usted la habitación para pasar la noche o para tirarse por la ventana? En el segundo caso, le rogamos que pague por adelantado". En 2008 no hay constancia de que haya aumentado la tasa de suicidios entre los brokers financieros. No es de extrañar. Pese a haber causado la ruina a los accionistas de sus firmas, se han embolsado indemnizaciones multimillonarias. Como dice una viñeta cómica que circula por Internet, "en el 29 los banqueros se tiraban por la ventana y ahora tiran la casa por la ventana".

Muchos más motivos de preocupación que los banqueros tienen ahora sus clientes. Temen por su dinero. La quiebra de Lehman Brothers en septiembre pasado disparó todas las alarmas al dejar a miles de clientes sin su inversión, entre ellos alrededor de 5.000 españoles que siguen pugnando por recuperar 3.000 millones de euros.

"No puede haber otro Lehman", clamaron los banqueros, asustados. Y los Gobiernos corrieron al rescate con un cheque en blanco firmado, claro está, por el sufrido contribuyente. Los fondos inyectados a los bancos tratan de evitar precisamente lo ocurrido en la Gran Depresión, cuando 3.000 bancos suspendieron pagos y los ahorradores vieron esfumarse 140.000 millones de dólares.

Desde las tribunas oficiales dicen que, gracias a los planes de rescate que no hubo entonces, esa situación no se repetirá, y que el sistema financiero se estabilizará en 2009 o a lo sumo en 2010. Por el momento, un total de 17 entidades bancarias estadounidenses han quebrado. A excepción de Lehman, las más grandes se han librado de la bancarrota gracias al dinero público (Bear Stearns, Northern Rock, Fannie Mae, Freddie Mac, Alliance & Leicester, Merrill Lynch, AIG, HBOS, Washington Mutual, Fortis, Dexia, Bradford & Bingley, Hypo Real Estate, Wachovia). Pero ¿cuál es el límite de las arcas de los Estados para tapar el agujero financiero? Sólo los planes de rescate anunciados hasta ahora van a movilizar más de tres billones de euros y, como dice, Merrill Lynch en su último informe, lo malo de estas intervenciones es que tienden a expandirse por la petición de otros sectores, como el del automóvil, y nunca se sabe dónde está el final.

Pese a ello, la práctica totalidad de la clase política, economistas y opinólogos han adoptado el dogma de que esos planes son infalibles y que el sistema financiero está a salvo. Sus pronósticos no son muy fiables. Al comienzo de la crisis, en el verano de 2007, los mismos actores afirmaron que la inyección de miles de millones desde los bancos centrales y la Reserva Federal contendría el derrumbe del sistema financiero. Y la crisis se agravó. Luego probaron con el recorte de tipos de interés, y tampoco funcionó. ¿Por qué confiar ahora en la efectividad de los planes puestos en marcha por los mismos que erraron antes?

Algunos mercados ya han dado su respuesta empezando a dar la espalda a los planes políticos. Lo demostraron tras el anuncio del Plan Paulson y lo volvieron a demostrar tras la cumbre financiera de Washington celebrada el 15 de noviembre y llamada a apuntalar el sistema. Wall Street ha vuelto a desplomarse, siendo los bancos los valores más castigados.

En España, la solvencia de la banca se ha convertido en un auto de fe, incontrovertible. La banca nacional es la más sólida del mundo porque no está expuesta a los riesgos de las hipotecas subprime de EE UU y ha sido sometida a la estricta supervisión en materia de riesgos del Banco de España.

Pero bancos y cajas esconden bajo la alfombra sus propias hipotecas basura. Cada hogar español tiene que destinar el 48,7% de su renta (el 37% si pueden acogerse a deducciones fiscales) para pagar la hipoteca, un ratio muy superior al que, por ejemplo, tienen que afrontar los estadounidenses para pagar sus famosas subprime. No hay que trabajar en el Instituto Nacional de Estadística para comprender que entre los más de ocho millones de hipotecas concedidas en los últimos cinco años, miles de ellas fueron firmadas por mileuristas, inmigrantes o parejas con empleos poco estables que ahora están engrosando las listas del Inem a velocidad vertiginosa y no podrán hacer frente a los pagos. No pueden poner sus casas en venta porque se han depreciado y porque los que podrían comprarlas esperarán a que bajen más para hacerlo.

Los que suscribieron hipotecas crecientes, un producto muy de moda hace tres años, con las primeras cuotas muy bajas, para dar facilidades a parejas jóvenes e inmigrantes lo tienen aún peor. Las cuotas han crecido ya más del 50% y se han convertido en una trampa mortal. Se estima que unas 180. Los desahucios ya han comenzado a gotear. Un informe del Consejo General de Poder Judicial alerta de que las ejecuciones hipotecarias se han duplicado en el primer trimestre. Es sólo cuestión de tiempo que aumenten los sonajeros, como se conoce en la jerga bancaria a aquellos clientes que llegan a la sucursal agitando las llaves del piso o del coche y dicen: "Quédatelo, no puedo pagarlo".

Las familias deben un billón de euros en hipotecas y la morosidad se ha triplicado en un año hasta el 2,5%. Un informe de ING señala que a partir del 15% de morosos, el sistema se derrumbaría. El presidente de Caixa Catalunya, Narcís Serra, no descarta que se llegue al 9% en esta crisis. Nadie puede decir dónde llegará.

A la deuda de las familias, la banca española une el riesgo de los 400.000 millones que le adeudan inmobiliarias y constructoras, de forma que más del 60% de los préstamos que tienen concedidos los bancos están relacionados con el ladrillo. Y si el riesgo es tanto, hasta el punto de que el Estado les ha ofrecido 150.000 millones de euros en fondos y avales, ¿por qué los bancos españoles son los únicos que siguen presumiendo de beneficios y repartiendo dividendos?

Seguramente la primera razón es que están muy bien gestionados, como coinciden sus directivos, el Gobierno y hasta la oposición. Aunque también, en algunos casos, haya causas menos loables, como que den por buenos en sus balances muchos créditos que no lo sean tanto. Así sucede con las deudas que tienen contraídas las inmobiliarias, y que son renegociadas a medida que se cumplen los vencimientos al no poder afrontar los pagos. Es el caso de Metrovacesa (8.000 millones), Reyal Urbis (4.700 millones), Colonial (8.900 millones) o Sacyr Vallehermoso (18.500 millones), entre otras muchas. Si los bancos exigieran el pago en los plazos convenidos, abocarían a una cadena de suspensiones de pagos (actual concurso de acreedores) y, como ocurrió con Martinsa-Fadesa, no tendrían más remedio que provisionar las pérdidas en sus balances, que perderían ipso facto su brillo fulgurante.

Wolfgang Münchau, principal columnista de Financial Times, escribía el pasado 20 de julio: "El colapso de Martinsa-Fadesa ha sido un recordatorio, si es que alguien lo necesitaba, del masivo crash inmobiliario español que se avecina. El desastre financiero y económico es casi inevitable. No se dejen engañar por el hecho de que los bancos españoles no tengan posiciones en las subprime norteamericanas. Estar expuesto a las hipotecas españolas es probablemente peor". Así que tal vez los bancos y cajas españoles no sean tan seguros ni inmunes a la bancarrota.

Los problemas de los bancos no suelen formar parte de las tertulias de café o de vecindario. Salvo que los tertulianos teman por la seguridad de sus depósitos. Hasta diciembre de 2001, Argentina era conocida por el tango y por Maradona. El 1 de diciembre de ese año, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, anunció un paquete de medidas que incluía la prohibición a los ciudadanos de sacar de las cuentas más de 250 pesos cada semana para evitar así la masiva fuga de depósitos. A la medida se le llamó corralito, y ha quedado como definición universal del bloqueo de los ahorros. Largas colas frente a las sucursales, saqueo de cajeros, caída del comercio en un 50%, impago de los sueldos de los funcionarios y un paro brutal fueron las consecuencias visibles del corralito. La más sustancial fue la desaparición del grueso de la clase media, que nunca volvió.

La sombra del corralito planea ahora sobre Europa. El lunes 17 de septiembre de 2007, miles de clientes de Northern Rock, un banco inglés especializado en hipotecas, hacían cola para sacar su dinero. El banco finalmente no pudo afrontar las retiradas, y el Gobierno decidió nacionalizarlo en febrero de este año. En EE UU se intervino el Washington Mutual en septiembre. El banco se había quedado sin liquidez. En diez días, sus atemorizados clientes retiraron 16.700 millones de dólares.

Para calmar ese pánico, en octubre pasado todos los Gobiernos decidieron aumentar la garantía sobre los depósitos. Incluso así, ¿están realmente seguros los ahorros? La respuesta es que sí, pero si los planes de rescate fallan (aunque sean infalibles) y alguna gran entidad de crédito quiebra, no lo están tanto. El volumen de depósitos es tal que ningún Estado tendría capacidad para atender a una retirada masiva de efectivo. Sólo para hacerse una idea, el banco holandés ING (que goza de la mayor solvencia crediticia) tiene depósitos por 614.000 millones, equivalentes a más de lo que produce la economía holandesa en un año. Si se desatase el pánico y la gente acudiese masivamente a la ventanilla de su banco para sacar los ahorros, sólo queda el camino de la nacionalización, de la que ya hay un reguero de casos (AIG, Mutual, Northern, BPN...), o del corralito. Eso es así por definición en la banca, incluso en los momentos más boyantes, de ahí que garantizar los depósitos es la mejor forma de que no haya ese pánico.

La peor cara de la crisis es el paro masivo. Y ha llegado para quedarse pese a los planes de inversión pública. "Suponga que usted debe emplear un trabajador, y que sólo un hombre desea el empleo. Debe pagarle lo que pida. Pero suponga que hay cien hombres, y esos cien quieren ese empleo. Suponga que tienen hijos y que esos hijos tienen hambre. Suponga que una moneda de diez céntimos compra al menos una papilla para esos hijos. Ofrézcales solamente diez céntimos y se matarán unos a otros por conseguir el puesto". La cita es de Las uvas de la ira, el libro de John Steinbeck que describe las penurias de los Joad, una familia de granjeros a los que la Gran Depresión los dejó sin tierra, sin casa y en busca de trabajo. Lo más revelador de la cita es que se escribió en 1939, 10 años después del crash, cuando la tasa de desempleo era aún del 15%. No fueron las obras públicas impulsadas por el new deal del presidente Roosevelt las que hicieron desaparecer el desempleo, sino la II Guerra Mundial, que movilizó a 12 millones de jóvenes. Los Gobiernos apuntan ahora a la misma solución mágica con renovados new deal: inversión y ayudas públicas para paliar la ralentización en la actividad privada. Pero sin una guerra mundial en ciernes, el paro no cederá. Los puestos que se destruyen ahora a toda velocidad pueden tardar mucho en recuperarse, incluso una década.

De ese marasmo laboral nadie está libre, ni los funcionarios. En Argentina, miles de docentes, médicos y empleados de las administraciones de provincias vieron retrasado el pago de sus nóminas. Aquí, los ayuntamientos y las autonomías ya comienzan a sufrir esa asfixia financiera. Los profesores universitarios de Valencia y Madrid ya han denunciado que sus nóminas están en peligro. Las entidades locales se han vuelto las primeras morosas. Las contratas de limpieza, seguridad y otras tardan más de ocho meses en cobrar. Ayuntamientos como el de Madrid han suspendido las obras públicas. En las crisis, los funcionarios están a resguardo. Nadie está seguro en una depresión.

España será uno de los países que lo pasarán peor. La OCDE pronosticó esta semana un retroceso de la economía del 0,9% y un 14% de paro para 2009. En el FMI son aún más catastrofistas. Al sector de la construcción, dado ya por muerto, está a punto de unírsele el del automóvil, que ha activado el eyector laboral con la regulación de 10.000 empleados, y hay quien teme que aprovechen la crisis para desmontar la tienda e irse para siempre.

Tampoco es éste un análisis alarmista. Basta mirar la página web oficial de General Motors. En un vídeo titulado GM lo cuenta tal como es, la compañía apunta un panorama apocalíptico si el Gobierno estadounidense no accede a aprobar un rescate para la industria automovilística, en el que más de tres millones de personas perderían su puesto de trabajo, y otras tantas, el seguro médico y hasta la pensión.

Puede que el enfoque de este artículo yerre. Puede que los planes de rescate funcionen, que la economía se recupere y que se creen millones de puestos de trabajo. Y que estemos, por tanto, ante un simple ejercicio de economía ficción, un género que cuenta con muchos adeptos, a juzgar por algunas afirmaciones. "La crisis de las hipotecas de EE UU no va a afectar de forma importante a la economía española" (José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, 22 de agosto de 2007). "En pocos años, entre el 2010 y el 2012 vamos a conseguir en España el pleno empleo" (Jesús Caldera, ministro de Trabajo, 16 de julio de 2007).

Pero si finalmente ocurre lo peor, quedémonos con el consejo de Groucho Marx, al poco de arruinarse en el crash del 29: "Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía". -
El límite de la ayuda pública

Todo lo mortal se arregla con dinero, reza el dicho popular. Los Gobiernos han reformulado el aserto para convertirlo en todo se arregla con deuda pública: ayudas a los bancos, al automóvil, a las pymes, a las familias que no pueden pagar la hipoteca, a los parados.

El último informe de Merrill Lynch del pasado 12 de noviembre se hace la siguiente pregunta irónica: "¿Por qué todos los Gobiernos no se limitan sin más a enviar un cheque de un millón de dólares a cada uno de sus ciudadanos para protegerles de la crisis financiera global?". El informe responde a la pregunta asegurando que en 2009 los Gobiernos comenzarán a darse cuenta de que el endeudamiento público tiene un límite cuando empiecen a dispararse los tipos de la deuda o se desplome la divisa, por ejemplo.

La firma de inversión indica que sólo el coste de tapar el agujero financiero supondrá una media del 13% del Producto Interior Bruto de los países. El documento alerta de que la carrera de expansión fiscal a la que se han lanzado los Estados para hacer frente al colapso financiero traslada inevitablemente el riesgo del ámbito privado al público. "Después de todo, en una economía el riesgo sólo puede ser transferido, no eliminado". Es decir, que ya no serán los bancos los que estén en peligro de quiebra, sino los propios Estados.

En España, la ampliación de capital del Banco Santander por 7.000 millones, recibida con un desplome de más del 30% en su cotización desde su anuncio, puede ser el toque de queda para el resto de entidades bancarias, que, ante la desconfianza de los inversores, hasta podrían plantearse acudir a los planes del Estado para su recapitalización que hacerlo por sus propios medios.

Los riesgos de dejar en manos del Estado la financiación del sistema son muchos. El primero del que alerta el informe es la incursión en déficit públicos desmesurados: en 2009, el de EE UU llegará al 7%, y el de la eurozona, al 4% (España puede alcanzar el 4,2%), haciendo añicos el compromiso del Tratado de Maastricht de mantener el déficit por debajo del 3%. Los Estados tendrán que pelear con las entidades privadas para colocar sus emisiones de deuda y se producirá el tan temido efecto expulsión (crowding out): cuanto más capital se requiera desde el ámbito público, de menos capital dispondrán las empresas para su funcionamiento.

Para acabar de rizar el rizo, comienza a asomar el fantasma de la deflación, la caída continuada de los precios por la falta de demanda y retroceso del consumo. Cuando una economía entra en el bucle de la deflación, nunca se sabe cuándo va a salir. Japón, con tipos de interés cero, estuvo en esa fase durante toda la década de los noventa. Y aún no se ha recuperado.

Tanto Merrill Lynch como UBS (informe del 13 de noviembre) cuestionan que el sistema monetario europeo vaya a permanecer intacto. En anteriores crisis, países como España recurrían a la devaluación de moneda para ganar competitividad. Como esa medida es imposible con el euro, no queda más remedio que emitir deuda. Pero las necesidades son muy diferentes según se trate de países como Alemania, Francia o España. Así que, en caso de un endeudamiento excesivo de algún país, sería necesario que el conjunto de la UE saliera al rescate o garantizara la deuda nacional de los Estados con más dificultades. Una medida que pondría a prueba toda la UE.

La otra alternativa sería expulsar de la Unión Monetaria a los países. Según UBS, el remedio sería mucho peor que la enfermedad. Los Estados que se salieran del euro y devaluaran su moneda provocarían el proteccionismo con una imposición de aranceles para compensar esa devaluación. Las economías fuera del euro se desplomarían, se producirían desórdenes sociales y países como Bélgica o España podrían ver cómo se agravan las amenazas separatistas.